¿Cómo funciona el racismo?, cultura occidental y supremacismo


Lo primero que hay que entender sobre el racismo es que las razas no existen, no se trata de un hecho biológico en el caso de otras especies animales y en el caso de los seres humanos esas definiciones vagas, sobre las que no existe consenso definitivo [4], que constituyen el concepto de raza en zoología ni siquiera se cumplen medianamente. Uno de estos elementos centrales en los diversos conceptos biológicos y zoológicos de raza es la diferenciación genética, el proyecto internacional de develación del genoma humano en el año 2000 evidenció que todas las personas compartimos 99% de información genética, por lo que lo correcto no es hablar de razas como si se tratara de un hecho biológico, sino de racialización como un constructo social que ha servido para  estigmatizar a diversos grupos humanos, sobre todo, no europeos ni caucásicos, aunque no a todos, porque hay que recordar que entre los europeos y caucásicos también existe y ha existido racismo incluso al grado de justificar y promover crímenes de lesa humanidad como los que se cometieron durante la primera y segunda guerra mundial, en la guerra de los Balcanes o el que promueven actualmente diversos partidos políticos de ultra derecha contra poblaciones que son minoritarias en sus países incluso siendo éstas europeas y caucásicas [5].


El racismo es parte de una ideología supremacista y de odio que pregona que ciertos grupos de humanos son superiores a otros y no tiene otro objetivo que vivir a costa de los que se perciben o publicitan desde la mentalidad racista como inferiores ejerciendo una función parasitaria, es decir obteniendo beneficios y generando daños. 

La cultura occidental contiene un sesgo supremacista y autoritario e innumerables son los estudios “científicos”, alegatos filosóficos, tratados políticos, prédicas religiosas, obras “artísticas” y propaganda de toda índole ideados para justificar su “derecho” a saquear, colonizar, robar, exterminar y esclavizar a los otros pueblos y también a la destrucción cultural, en nombre de su supuesta superioridad, y que como ya se ha señalado cuando han podido también han esgrimido estos mismos “argumentos” contra su propia población.

Como lo señala uno de los intelectuales más importantes de la segunda mitad del siglo XX el francés Edgar Morín en su conferencia publicada titulada Breve historia de la barbarie en occidente, no es que ésta no haya sido consustancial a todos los pueblos y todas las culturas humanas es que Europa y la cultura occidental son quienes la han llevado a un grado máximo. 

Ahora cabe preguntarnos ¿qué estatus de verdad podemos darle las y los herederos de los territorios y culturas sojuzgados a dichas palabras de propaganda? o ¿qué clase de perpetuación, omisión o complicidad frente a dicha ideología podrían provenir de alguien ocupado de la formación de las jóvenes generaciones a través de la educación institucional, sino las que nacen del cinismo, la cobardía, la impiedad, la indignidad y la simulación? 

Aquí cabe ocupar el concepto marxista de superestructura que dice que a un particular modo de producción se corresponden ideologías, leyes, instituciones, etcétera que lo soportan y apalancan, los supremacismos en general y el racismo en particular corresponden a un modo de producción basado en la guerra, el despojo, el esclavismo y la explotación que marcaron la era colonial y siguen operando a favor del neocolonialismo relacionado al neoliberalismo.


Una mentalidad, imaginario social o cultura política racista generan un sistema de exclusión y segregación social silencioso que permite que los privilegios, el acceso a los derechos y las oportunidades se concentren en un pequeño grupo social identificado con la, ya vimos que inexistente, superioridad racial.

Al respecto, en México, sólo entre 7 y 13 % de la población se identifica como “blanca” o caucásica. Por poner algunos ejemplos de lo mencionado anteriormente, como ya lo habíamos visto en el primer módulo de este diplomado, las personas con tez morena tienden a tener una movilidad social descendente, por el contrario las personas con un tono de piel más claro que pertenecen al 20% de la población, quienes tienen menor acceso a la riqueza, el 18% por su color de piel llegan hasta la escala más alta de distribución de la misma y entre personas con la misma escolaridad las que tienen un tono de piel más clara acceden a un 30% mayor de ingresos económicos, los puestos directivos en las empresas e instituciones están acaparados por las personas de tez clara y si una personas es hijo (que no hija) de quien tuvo un puesto directivo tiene 50% de probabilidades de ejercer uno también, mientras que un profesionista sin esa ascendencia tiene sólo el 10% de probabilidad de obtenerlo, además de muchas otras circunstancias en este sentido que se pueden consultar en las diversas fuentes que se citan a lo largo de este diplomado. [7]

¿Es por qué unos/as son capaces y otros/as incapaces de nacimiento, unos laboriosos/as y otros/as flojos/as por naturaleza, o cómo discutían los españoles cuando buscaban justificaciones para saquear América y esclavizar a sus pueblos, que las personas morenas, indígenas y afrodescendientes no tienen alma?

No, es por un racismo y su consecuente discriminación inmersos en la cultura.


[4] Ver Rodero, E.; Herrera, M. El concepto de raza. un enfoque epistemológico. Archivos de Zootecnia, vol. 49, núm. 186, junio, 2000, pp. 5-16

https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=49518602

Este racismo hace que a las personas pertenecientes a los pueblos indígenas sean tratadas como extranjeras en su propia tierra, que habitan desde milenios antes de la llegada de los europeos.  

Como lo hemos visto en el apartado anterior a diferentes pueblos del mundo, pero en lo que respecta a México y Latinoamérica las poblaciones indígenas y afrodescendientes son estigmatizadas por la cultura dominante con varios objetivos entre los que están (y otra vez como ya se ha mencionado) hacerles pasar como inferiores, hacerlas ver como radicalmente opuestas, construir una atmósfera de miedo hacia ellas (son peligrosas, llenas de envidia y rencor, violentas, ladronas….) e inculparlas por la violencia cometida en su contra.

Este punto merece un análisis especial; “se lo tienen ganado por flojos, necios, atrasados, incapaces de comprender, salvajes, etcétera”. Estas inculpaciones tienen una doble función por un lado endeudar a las personas; “se les hace el favor” de tolerarlas “aceptarlas”, “considerarlas”, verlas, a pesar de su “inferioridad” y por el otro hacerles ver que son despreciables es decir que cualquier valor social o personal que hayan desarrollado en la vida se les puede quitar o anular por el hecho de ser “negros/as o indios/as”.

Estas  inculpaciones se instalan en el fuero interno de las personas porque dicho proceso se produce en etapas tempranas de su vida, cuando todavía no han desarrollado un juicio crítico y no se detectan su falsedad ni sus intenciones e implican impactos emocionales muy dolorosos que las personas difícilmente quieren examinar porque conlleva el enfrentarse y revivir dichas situaciones ligadas al dolor, la vergüenza, la incomprensión, la percepción de no ser merecedor o suficientes, de estar fuera de lugar, entre otras.   


A través de este proceso de enajenación tenemos un racismo introyectado en el cual las personas están dispuestas a sumarse a los intereses, las visiones, las lógicas, etcétera de los opresores y su cultura para demostrar que son “distintas” que no son despreciables y que son agradecidas frente a la deuda moral que se les impone. De esta manera ya están preparadas para negar sus raíces, su cultura, despreciar a los suyos… a este respecto es de suma importancia generar una educación intercultural emancipadora porque como lo menciona uno de los grandes maestros de América latina Paulo Freire, cuando la educación no es liberadora, crítica, para la autonomía y la autoconciencia el sueño de los oprimidos es convertirse en los opresores.

Pero este racismo introyectado no es un fenómeno exclusivo de las poblaciones indígenas y afrodescendientes está también en las personas, mestizas, criollas, y caucásicas que desarrollan igualmente un sentimiento de inferioridad frente a lo europeo o estadounidense, muchas albergan complejos, miedos a ser rechazadas o agredidas y niegan su pertenencia a una nación pluricultural y pluriétnica, se avergüenzan, dejan de conocer y reconocer sus otras raíces que también las y los constituyen o de plano adoptan actitudes serviles y entreguistas frente a quienes asumen “superiores”.


Es tarea FUNDAMENTAL de la educación DESMONTAR EL RACISMO aquí compartimos algunas estrategias además de las que ya hemos mencionado en el apartado anterior:

a)    Visibilizarlo, en distintos estudios al respecto se ha documentado que muchas personas en México piensan que en nuestro país no hay racismo o no es significativo.

b)    Señalar que las razas no existen.

c)    Utilizar narrativas que presenten a las poblaciones discriminadas en su dignidad y/ o que retraten el verdadero drama que enfrentan.

d)    Romper con la idea de la radical diferencia moviendo al estudiantado a reflexionar sobre aquello que si tenemos en común.

e)    Ofrecer disculpas públicas a las comunidades cercanas a los planteles de manera simbólica, ya sean indígenas o afrodescendientes, por los tratos discriminatorios como lo han hechos los gobiernos de Inglaterra, Alemania, México, Bélgica, el vaticano entre otros.

f)     Realizar dinámicas para comprender las emociones y perspectivas de las personas discriminadas y desarrollar empatía.

g)    Organizar actividades, jornadas, ferias, etcétera sobre el tema invitando a las instituciones encargadas de la defensa de los derechos como comisiones o consejos de DH y prevención de la discriminación, a especialistas y personas que brinden sus testimonios.



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