Bienestar emocional del personal docente.
Nadie puede dar lo que no tiene y ya la vida profesional de las personas dedicadas a oficios que implican los cuidados y la guía de terceros están especialmente expuestas a una carga fuerte de estrés como lo son la enfermería, la medicina, el trabajo social y por supuesto la educación. Por lo cual las y los primeros depositarios de estas habilidades debemos ser las y los docentes.
Este proceso formativo para nosotros/as es un proceso continuo, y permanente consustancial a nuestra labor.
Señalamos aquí la propuesta de inteligencia emocional que presentan Mayer y Salovey 2007, como un modelo de cuatro ramas que puede ayudarnos a identificar aquello que nos toca desarrollar o fortalecer:
1. Percepción emocional.
Las emociones son percibidas, identificadas, valoradas y expresadas.
Las personas se refieren a sí mismas, las identifican en sus conductas, en obras de arte, música, etc.
Incluye la capacidad para expresar las emociones adecuadamente. También la capacidad de discriminar entre expresiones precisas e imprecisas, honestas o deshonestas y advertir a las respuestas emocionales que nos dominan.
2. Facilitación emocional del pensamiento.
Las emociones sentidas entran en el sistema cognitivo como señales que influencian la cognición (integración emoción y cognición).
Las emociones priorizan el pensamiento y dirigen la atención a la información importante. El estado emocional cambia la perspectiva del individuo, desde el optimismo al pesimismo y viceversa, favoreciendo la consideración de múltiples puntos de vista.
Los estados emocionales facilitan el afrontamiento. Por ejemplo, el bienestar facilita la creatividad.
3. Comprensión emocional.
Comprender y analizar las emociones empleando nuestro autoconocimiento a través de éstas. Las señales emocionales en las relaciones interpersonales son comprendidas, lo cual tiene implicaciones positivas para la misma relación.
Capacidad para etiquetar emociones, reconocer las relaciones entre las palabras y las emociones. Se consideran las implicaciones de las emociones, desde el sentimiento a su significado; esto significa comprender y razonar sobre las emociones para interpretarlas. Por ejemplo, que la tristeza se debe a una pérdida. Habilidad para comprender sentimientos complejos; por ejemplo, el amor y odio simultaneo hacia una persona querida (pareja, hijos) durante un conflicto. Habilidad para reconocer las transiciones entre emociones; por ejemplo, de frustración a ira, de amor a odio.
4. Regulation emocional.
Regulación reflexiva de las emociones para promover el conocimiento emocional e intelectual. Los pensamientos promueven el crecimiento emocional, intelectual y personal para hacer posible la gestión de las emociones en las situaciones de la vida. Habilidad para distanciarse de una emoción. Habilidad para regular las emociones en uno mismo y en otros. Capacidad para mitigar las emociones negativas y potenciar las positivas, sin reprimir o exagerar la información que transmiten.
(Mayer, Salovey y Caruso, 2000; Mayer y Salovey, 1997, 2007, citado en Bisquerra 2019).
Para poder aprender a regular nuestras emociones, como anteriormente lo habíamos mencionado en este mismo curso es importante que estas sean proporcionadas y contextualizadas, para ello podemos utilizar las siguientes matrices, primero en nosotros/as y luego para poder trabajarlas con nuestro estudiantado.
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